La dificultad de acceder a documentos trascendentales
Resulta cuanto menos llamativo para los historiadores que sea tan complicado acceder a documentos públicos que fueron cruciales para comprender hechos relevantes en la trayectoria de un país. En este caso, se trata de cartas con apenas 129 años de antigüedad, escritas por uno de los principales líderes de la última guerra de independencia cubana, Máximo Gómez, quien era el único de los tres grandes (tras la muerte de José Martí y Antonio Maceo) que seguía vivo en aquel momento. Estas cartas estuvieron en el centro del debate del Congreso de Estados Unidos sobre la posible intervención en la isla de Cuba. Es difícil explicar por qué hoy, tanto el ciudadano común como los propios historiadores cubanos encuentran complicado acceder a una carta cuya existencia influyó dramáticamente en el futuro de la isla, y por qué, tras más de un siglo, resulta necesario buscarla en los archivos históricos estadounidenses.
La carta de Máximo Gómez: contexto y autenticidad
La carta enviada en 1897 por el general Máximo Gómez inicialmente al presidente Stephen Grover Cleveland y posteriormente a William McKinley, buscaba persuadirles para que, en nombre de la Doctrina Monroe, interviniesen activamente ante la crisis humanitaria y el conflicto cubano. En años recientes, han circulado diversas versiones del documento en Internet, muchas de ellas disímiles. Esto obligó al investigador a aplicar la crítica histórica, tanto externa como interna, para esclarecer el misterio. Era fundamental determinar la existencia real de la carta y cuál de los textos existentes era el auténtico. Además, era imprescindible contextualizar las circunstancias históricas y limitaciones institucionales en las que fue escrita, para entender las verdaderas intenciones de Gómez al enviarla, con textos idénticos, a ambos presidentes.
Tras la obtención en varios archivos estadounidenses de evidencias fotográficas que confirmaban la existencia de la carta y permitían acceder a su redacción original, se realizó una transcripción fiel del texto, acompañada de las pruebas fotográficas del manuscrito (con los sellos oficiales del jefe del ejército mambí y su firma). Se corroboró también la inclusión de la carta en los registros de actas del Congreso de Estados Unidos, algo que no ocurre con todos los documentos y que fue resultado de la solicitud de algunos congresistas. Este documento fue de crucial importancia en los debates sobre la respuesta adecuada—protestas o intervención—que Estados Unidos debía tomar ante la grave crisis humanitaria en Cuba.
Crítica interna: contexto político y diplomático
Una vez establecida la autenticidad del documento, quedaba por abordar la crítica interna, analizando el contexto en que fue escrito y enviado. ¿Por qué Gómez y no el presidente del Gobierno de la República de Cuba en Armas tomó la iniciativa? Washington, antes y después del envío de la carta, había protestado por diversos incidentes, algunos relacionados con ciudadanos estadounidenses, y había intentado enviar ayuda humanitaria, protestando por la interferencia española en su distribución.
Por otro lado, mientras algunas victorias y el recibo de armas clandestinas generaban cierta esperanza en Oriente, en Occidente la situación era más incierta. Maceo, poco antes de morir, celebraba la elección de McKinley y difundía rumores entre la tropa de que, con el respaldo de Estados Unidos, la guerra sería ganada en tres meses, buscando levantar la moral de los combatientes. Ni Maceo ni Gómez veían con optimismo el curso de la guerra en Occidente.
Las cartas de Gómez no fueron un hecho aislado, sino que se inscribían en una estrategia diplomática mambisa dirigida por Don Tomás Estrada Palma y colaboradores del Partido Revolucionario Cubano. El trabajo hacia los medios estadounidenses había sensibilizado al público con las atrocidades cometidas en Cuba por el general español Valeriano Weyler, lo que presionaba a candidatos a cargos políticos y congresistas para adoptar una postura firme.
Aunque Cleveland no cedió a esas presiones, se sabía en Cuba que McKinley era más susceptible. Cuando comenzaron los debates, algunos congresistas defendieron la necesidad de ir más allá de las protestas diplomáticas y ayudas humanitarias. La explosión del acorazado Maine en la Bahía de La Habana, aunque años después se atribuyó a un defecto de diseño y no a sabotaje, fue el catalizador que inclinó la balanza a favor de la intervención. En ese contexto, la carta de Gómez resultaba especialmente oportuna.
La ambigüedad diplomática y la Doctrina Monroe
En su misiva, Máximo Gómez se distanciaba cuidadosamente de asumir la responsabilidad formal de solicitar una intervención armada, pues tal petición debía corresponder al presidente de la República de Cuba en armas. Gómez dejaba la decisión “a la sabiduría del pueblo americano”, sugiriendo indirectamente que era una opción razonable, y no dejaba dudas de que no se oponía a ella. Su intención era clara al afirmar que los españoles sólo podían ser persuadidos si la presión venía acompañada de fuerza.
Aunque Gómez esquivaba la responsabilidad formal, usó papel con el membrete oficial de su cargo en la República en Armas, ejerciendo el arte de la ambigüedad diplomática para persuadir a su interlocutor de que la única opción para detener la crisis humanitaria y los crímenes de España era una acción decidida de Washington, amparada en la Doctrina Monroe. Gómez aportaba una interpretación novedosa de la Doctrina, extendiéndola a la protección de lo que hoy llamaríamos derechos humanos, no sólo de territorios amenazados por potencias extra hemisféricas. La intervención de 1898 se convierte así en antecedente de lo que actualmente se conoce como el “Derecho de Proteger”, aprobado en la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, que puede prevalecer sobre la soberanía en crisis humanitarias graves.
La intervención estadounidense y la Enmienda Teller
Siguiendo la lógica de Gómez, una guerra entre Estados Unidos y España en Cuba se libraría por el deber de intervenir en una grave crisis humanitaria, no para apoyar a una de las partes del conflicto sobre la otra. Finalmente, así se decide la intervención, y el senador Henry Teller, amigo de los delegados mambises en EE. UU., introduce una enmienda en la Resolución Conjunta que otorgaba poderes de guerra a McKinley para intervenir en Cuba. El texto de la enmienda declara sin ambigüedad que Estados Unidos renuncia a ejercer soberanía, jurisdicción o control sobre la isla, salvo para su pacificación, y afirma su determinación de dejar el gobierno y control de la isla a su pueblo una vez lograda esta.
La iniciativa audaz de Gómez y la diplomacia mambisa lograron que la causa independentista, aunque no se reconociera al gobierno de la República independiente de Cuba, contara con el apoyo del país más poderoso del planeta a finales del siglo XIX. Con Teller, no sólo aseguraron la independencia, sino también la soberanía y el control frente a futuras pretensiones anexionistas.
Respuesta de Gómez a la propuesta de Ramón Blanco
Respecto a esta crítica interna sobre las ideas de Gómez, podría haber quien aún dude de que buscaba una acción armada. Sin embargo, su respuesta el 20 de abril de 1898 al general Ramón Blanco, sustituto de Weyler, cuando éste le propone colaborar contra los estadounidenses, revela claramente su posición:
“…hasta el presente sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos. He escrito al Presidente McKinley y al General Miles, dándoles las gracias por la intervención americana en Cuba.”
“…No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que Ud. se refiere en su carta. Si así fuese: “la Historia los juzgará”.
(Publicado en 1950 en la colección de Cuadernos de Historia Habanera de la Oficina del Historiador de La Habana como parte de la Cronología Critica de la Guerra Hispano-Cubanoamericana del Dr. Felipe Martínez Arango).
Paralelismos históricos
Existe aquí una semejanza histórica: el poder despótico español ofreció a la población cubana y al ejército mambí unirse frente a la intervención estadounidense, utilizando el temor al exterminio. Hoy, el despotismo totalitario de GAESA intenta movilizar a la población agitando el miedo a supuestas masacres que provocarían las tropas estadounidenses en caso de intervenir en Cuba.
Conclusión
Las cartas de Máximo Gómez a Cleveland y McKinley son auténticas. La iniciativa de Gómez, respaldada por el equipo del Partido Revolucionario Cubano de Estrada Palma en Estados Unidos, normalizó el debate interno cubano sobre la conveniencia y riesgos de una intervención estadounidense. Su gestión permitió superar las discrepancias sobre el curso de la guerra y la entrada de Estados Unidos en el conflicto, asegurando el reconocimiento del derecho de Cuba a la independencia y soberanía. Tras un proceso de transición de cuatro años bajo tutela estadounidense con el objetivo de sanear la isla, dinamizar la economía y construir instituciones republicanas, se pudo ejercer la soberanía cubana al transferir el poder a un gobierno elegido en comicios libres y multipartidistas.
La mayoría de los constituyentes de 1901, tras intensos debates, tuvieron la sabiduría de aceptar la Enmienda Platt, conscientes de que, con la independencia y soberanía ya ganadas, podrían renegociarla posteriormente, como ocurrió también con la devolución exitosa de la Isla de Pinos.
Fragmento del Dossier Intervención en Cuba: ¿indeseable, preferible o imprescindible? donde puede verse la carta original publicada por primera vez.

