El Gobierno cubano ha recurrido a Moscú para que lo guíe en una transición cuya única finalidad sería implantar un capitalismo administrado por oligarcas enriquecidos, al estilo ruso. Para lograrlo contarán nada menos que con el criterio de Boris Titov, un derechista liberal, lo cual significa un giro radical en el mediocre y desatinado juego político que ha desplegado el castrismo desde la llegada de Díaz-Canel al poder.

No es nada nuevo que Cuba sea gobernada por un grupo de familias enriquecidas. Eso sucede desde 1959 y se ha hecho descaradamente evidente en los últimos años. El problema sería, quizás, que tienen su propio discurso en contra. Palabras como “capitalismo”, “derecha”, “neoliberalismo”, han sido claves en la retórica agresiva contra Estados Unidos y el mundo occidental en general. Aceptar ese mismo “veneno” en frasco ruso, sería un portazo más en las narices de los gobiernos de Occidente que en múltiples ocasiones han justificado al régimen y lo han ayudado a mantenerse a flote, una complicidad que mucho ha costado al pueblo cubano en todos los aspectos.

A estas alturas, con absoluta tranquilidad, declaran que la reforma “a la rusa” viene en camino, porque ya los oligarcas cubanos, sus hijos y sus nietos no quieren seguir escondiéndose. Si a Sandro Castro le halaron las orejas por el episodio del Mercedes Benz, recordándole que estaba presumiendo sus lujos ante un pueblo oprimido y miserable como pocos en el mundo; ahora se preparan para ir modificando el mensaje y que todos los cubanos vean como algo normal la opulencia de los Castro, los García Frías, los Rosales del Toro y otras familias que se aprestan a rebanar el pastel de mutuo acuerdo con el imperio de su elección.
Y mientras se crea el Centro de Transformación Económica que acercaría a Cuba al Kremlin más de lo que ya está, la administración Biden abre los grifos para que lleguen los dólares con que se ha de sufragar, al menos en parte, la transición; dólares que no serán suficientes porque en el estado de ruina total que padece Cuba, se necesita mucho más que dinero para recomponer algo parecido a un país.
Al pueblo cubano no se le ha consultado si está de acuerdo con el paquetazo que se avecina y la injerencia de Rusia. La fracción mínima de pueblo que está prestando atención se da cuenta de que no casa la reforma liberal de derecha que se perfila en el horizonte, con la máxima —mil veces repetida— de que la concentración de capital en manos de un puñado de individuos atenta contra el socialismo. Eso es justo lo que propone el modelo capitalista ruso que Cuba está a punto de copiar.

Después de realizar un excelente análisis sobre el tema, el economista Mauricio de Miranda dejó abierta la pregunta de si los cubanos permitirán la creación de “un Estado mafioso, en el que la lealtad al mafioso mayor es la que determina la carta de supervivencia”.


Fragmento del artículo “Cambio fraude aliñado con salsa rusa” publicado en Cubanet
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