En el paquetazo del régimen de Cuba todo ha de llegar del exilio: los productos y el dinero para comprar los productos.

El régimen cubano acaba de anunciar en vísperas de Navidad un paquetazo de medidas que se asemeja más a una operación suicida que a un intento de tratar de salir de la crisis multisistémica en la que se encuentra empantanado.

El nuevo paquetazo económico será más disruptivo que la propia Tarea Ordenamiento, la cual tuvo un impacto desastroso en la economía, cuyos efectos hoy se materializan en una aguda escasez de alimentos, medicamentos y productos de todo tipo, una baja en la producción nacional y en las exportaciones, una aguda crisis en el transporte, en el abasto y distribución de agua potable, de generación de energía eléctrica y una elevada crisis inflacionaria que ha fijado la tasa de cambio en 280CUP por un dólar en el mercado informal, lo cual ha sepultado el poder adquisitivo de los trabajadores cubanos a la mínima expresión, a razón de 7,50 dólares mensuales.

Estratosférico déficit fiscal para 2024

Entre las medidas más disparatadas del paquetazo tropical que ha anunciado el régimen cubano se encuentra el 18,5% del PIB fijado para el déficit fiscal del 2024. Sería el segundo peor déficit del PIB a nivel mundial, solo superado por Ucrania, un país envuelto en una guerra ocasionada por Rusia. Es algo así como profundizar aún más el hueco en el que se han metido. Con este nivel de déficit fiscal las autoridades cubanas sepultan la escasa posibilidad que hoy existe de inversión extranjera en el país y envían una señal equivocada a los acreedores de la deuda externa. 

Este aumento estratosférico del déficit fiscal significará un mayor endeudamiento público del país, y generará un mayor desequilibrio financiero con consecuencias nefastas para la economía y para la población, que se expresará en un aumento significativo de la inflación. Por otra parte, este desequilibrio financiero se va a traducir en un aumento de los impuestos, y el precio de los productos y servicios, como ya ha anunciado el Gobierno, disminuirá aun más el poder adquisitivo de las personas, agudizando los problemas sociales.

El otro problema que tiene el déficit fiscal del 18,5% del PIB del país es que Cuba no tiene un benefactor que vaya a su rescate financiero. Cuba no tiene líneas de crédito por ser mal pagador, y sus socios políticos saben que un rescate financiero a la Isla significa poner dinero en un pozo sin fondo. Ni Venezuela, ni China, ni Rusia pueden y tampoco están dispuestos a socorrer financieramente al régimen cubano. Cualquier desembolso de capital para inversiones de estos socios tendría que ir acompañado de compra de empresas, propiedades y terrenos, y una seguridad jurídica que hoy no existe, como forma de garantía para evitar pérdidas millonarias, algo que nunca se ha permitido en 64 años de comunismo. Por el momento, no hay señales de que eso vaya a suceder. Sin embargo, dadas las difíciles circunstancias por las que atraviesa el país, es de esperar cualquier cosa por parte del régimen por tal de no perder el poder político. Si la necesidad los obliga a vender el país, lo harán al mejor postor. De ocurrir este escenario, el régimen cubano tendría que hacer grandes cambios legislativos con extrema urgencia.

Este nuevo paquetazo no viene acompañado de una transformación estructural de la economía que contemple una liberación real de las fuerzas productivas, del mercado y los precios. Es el mismo mal que acompañó a la Tarea de Ordenamiento Monetario, por lo tanto, es otro error sobre el error. Este paquete de medidas ha sido diseñado por el mismo equipo mediocre que dirigen Miguel Díaz-Canel y el ministro de Economía Alejandro Gil. No hay un nuevo pensamiento estratégico detrás de esta medida, son los mismos personajes haciendo juegos malabares con política y economía, acudiendo al realismo “continuista creativo” que constantemente arenga Díaz-Canel, que no es más que una improvisación cantinflesca, especializada en promulgar listas de deseos y planes irrealizables para trazar metas incumplibles, acompañados de una montaña de estupideces que solo se creen ellos mismos, que siempre justifican su fracaso culpando al “bloqueo norteamericano”.

Ese mismo “bloqueo malvado” que le permite comprar cientos de millones de dólares en alimentos, medicamentos y otros productos, incluidos automóviles. Ese bloqueo que permite que líneas aéreas comerciales norteamericanas lleven pasajeros a diferentes aeropuertos cubanos, que ha permitido en los últimos 30 años el envío de 52.251 millones de dólares en remesas en efectivo, y otros 50.000 millones en bienes de consumo por parte de la diáspora cubana a sus familiares en la Isla. Ese “bloqueo maligno” que hace que EEUU sea el sexto exportador de mercancías a Cuba.

Control del mercado cambiario

Otra de las principales medidas incluidas en la nueva terapia de choque es el anuncio de tomar el control del mercado cambiario de divisas del país. En este sentido, el primer ministro Manuel Marrero expresó: “Tenemos que poner fin a esa práctica de que, desde otro país, desde una PC, se ponga la tasa de cambio especulativa que rige en este país. Hay un grupo de trabajo, con protagonismo del Banco Nacional de Cuba, que ha avanzado en propuestas que se analizarán en el transcurso de 2024 para determinar cuál es la tasa de cambio que debe tener el peso cubano”. Sin embargo, la queja de Marrero no fue acompañada con la solución de cómo piensan llevar a cabo semejante acción. Antes que nada, deberían comenzar por corregir la rigidez del propio mercado cambiario establecido por el Gobierno, cuya tasa de cambio hoy en día se mantiene a 24 pesos por dólar a las personas jurídicas y 120 pesos por dólar a las personas físicas.

Todo indica que la criminalización financiera volverá a incorporarse a la carpeta de opciones de castigo que el régimen cubano en algún momento en el pasado utilizó para controlar las divisas en manos de la población. En este sentido, cabe preguntarse, ¿penalizaran nuevamente la tenencia de dólares? ¿Obligarán a las personas que entren al país a cambiar sus divisas por pesos cubanos? ¿Inventarán un mecanismo para obligar el cambio de divisas en pesos cubanos a la población? ¿Impedirán la entrada de divisas físicas a los viajeros que llegan al país? Todo queda en el campo especulativo. Sin embargo, cualquier intento de criminalización de la tenencia de divisas será una medida extremadamente incendiaria y tendría consecuencias de forma inmediata, no solo por parte de la población, sino también por parte de los inversionistas extranjeros que llevan años empantanados en el corralito financiero impuestos a ellos por el propio Gobierno cubano debido a la crónica falta de liquidez.

El mercado cambiario no se puede controlar por decreto y con métodos de ordeno y mando, es algo que emana del desarrollo y la dinámica del propio mercado, de la sinergia que genera la libre empresa, el libre comercio, la inversión, la libertad de precios y la libertad con la que operan las fuerzas productivas. El mercado cambiario responde directamente al nivel de satisfacción de la demanda del mercado, del abastecimiento de productos; no se estabiliza con corralitos financieros, ni con más emisión de moneda sin respaldo productivo. No se puede controlar un mercado cambiario con un sistema bancario en el cual la población no tiene un mínimo de confianza, un sistema bancario donde cada dólar que se deposita nunca regresa a su dueño. Lo peor que puede tener una economía es la falta de confianza de los consumidores con el propio sistema bancario. Esta incongruencia es muy dañina y para restaurarla se requiere remover todas las trabas que desde hace más de seis décadas amordazan el sistema productivo y el sistema financiero del país.

El mercado cambiario no se controla desde una PC en el exterior como pretende imponer la narrativa del primer ministro Manuel Marrero. Es el propio Gobierno cubano quien, con sus torpes, abusivas y mal concebidas terapias de choques han distorsionado el sistema cambiario que impera en el país.

Es el propio Gobierno cubano con su ineficiente centralización de la economía, con sus métodos primitivos de querer controlarlo todo, con su abusivo poder de imponer camisas de fuerzas a la gestión de generar riquezas de los propios ciudadanos y de monopolizar cada rubro de la economía para el beneficio de GAESA y sus oligarcas, lo que ha dado lugar a la existencia de un mercado negro que controla el cambio de divisas en el país. Son todas estas premisas antimercado las que han impregnado la corrupción como un mecanismo de sobrevivencia de los cubanos. El modelo económico cubano es uno de los más corruptos de nuestro hemisferio, desde la gran corrupción de cuello blanco que practica GAESA, hasta la corrupción que el cubano de a pie tiene que acudir para poder sobrevivir y no morirse de hambre.

Esta disfuncionalidad corruptiva se ha convertido en un círculo vicioso donde el Estado le roba al pueblo y el pueblo le roba al Estado, donde el mal de fondo radica en la propia inoperancia del sistema y en resquebrajamiento del sistema jurídico. Este se ha construido y perfeccionado durante décadas a la medida y el deseo de quienes detentan el poder en el país, para mantener el control de los ciudadanos, de las elecciones, del manejo de la economía y las riquezas del país. Lo han acomodado todo a sus propios beneficios e intereses. Hoy constituye el principal mal de fondo que ha condenado a la miseria la vida de los cubanos.

Exprimir al máximo al exilio cubano

En el paquete de medidas no podía faltar la premisa de seguir exprimiendo a quien ha sido uno de los pulmones de sobrevivencia más efectivos que ha tenido el régimen: el exilio cubano.

En este sentido, el Gobierno ha decidido prorrogar las extensiones arancelarias a la importación de alimentos y productos de aseo, además de pretender potenciar el comercio electrónico con pagos desde el exterior. Es decir, montar una economía parásita de sobrevivencia a costa del exilio. Todo viene del exilio, los productos y el dinero para comprarlos. Ellos se encargan de exportar la mano de obra a EEUU en sus planificadas olas migratorias a través del tráfico de personas. Todo un gran paquete que hace más dependiente la economía cubana del exterior a través de un sofisticado método de sometimiento humano. Prefieren esto a tener una economía interna abierta, de mercado, de libre empresa, de libertad de precios, de libre competencia donde el ciudadano sea el principal elemento generador de riqueza y de desarrollo de la sociedad.  Por supuesto, del exilio solo les interesa las mercancías y el dinero, no sus votos. Eso no está contemplado en la esta ecuación parásita. El principal objetivo: mantener el poder.

En este apartado de querer seguir exprimiendo al exilio, el primer ministro Marrero expresó el deseo del Gobierno de incentivar la captación y recuperar los flujos de remesas“. Para ello, estudian la factibilidad de crear nuevos canales y plataformas, empleando escenarios digitales para controlar el envío de remesas y gestionar operaciones de cobro y pago desde el exterior directo a los bancos estatales. En este sentido, implementarán la utilización de nuevos medios de pago o tarjetas en divisas, a las que se les aplicarán incentivos para la compra de bienes y servicios y que “se podrán recargar desde el exterior”. Es decir, el dinero que pretenden usar es el que sale del bolsillo de los exiliados, no fruto de la generación de riquezas del ciudadano que viven en la Isla. Este está condenado a no poder generar riqueza.

Lo cierto es que el régimen ha perdido el control de las remesas. Los exiliados se cansaron de enviar dinero por Western Union y los demás circuitos que terminan poniendo las remesas en manos del régimen cubano. Actualmente el mercado informal domina el envío de remesas al país, de la misma manera que domina el mercado cambiario en la calle. Las remesas les rinden más a los cubanos si llegan a través de las vías informales, el cambio oficial es a 120CUP por dólar, mientras que en la calle es de 280CUP. Esta rebelión financiera que ha ejecutado el pueblo cubano al tomar control de los canales de envío de dinero a Cuba y del mercado cambiario, se suma la baja productiva del campesinado de la Isla, quien cansado de que Acopio se apodere del 80% de sus cosechas a unos precios ridículos que ni siquiera les pagan, han decidido optar por una huelga de brazo caídos que se ha materializado en solo producir lo necesario para mantener a sus propias familias. Por otra parte, el exilio también se ha cansado de seguir enviando remesas a la Isla para mantener al régimen cubano, es por ello que, en los últimos dos años han preferido financiar la salida de 560 868 cubanos hacia EEUU en lugar de invertir junto a ellos en las cacareadas MIPYMES. Esto explica el por qué las remesas en el 2023 cayeron 3,31% con respecto al 2022 y 46,93% con respecto al 2019 año previo a la pandemia. En 2023, se estima que el exilio cubano desembolsó entre 1.800 y 2.200 millones de dólares para sacar del país a los 200.287 cubanos que migraron hacia EEUU y otras decenas de miles que se encuentran todavía en el camino. Estos resultados confirman que el intento de acercar al exilio cubano a que participe en inversiones en la Isla ha fracasado.

Los fantasiosos deseos no realizables del régimen cubano

En el nuevo paquete de terapia de choque no podía faltar la lista de deseos irrealizables, el cual es un mal típico del régimen cubano. En este sentido, el primer ministro expresó “las potencialidades que tenemos son grandes, ejemplificadas en las negociaciones de las giras que se han hecho. Tenemos solicitudes de níquel, tabaco, ron”, de esta forma arengaba la necesidad de transformaciones y de elevar las producciones. También se refirió a recuperar los servicios turísticos, incrementar la exportación de bienes y servicios, en particular los servicios de salud. Y así sumó una larga lista de deseos que parece más una lista de alucinantes fantasías que una lista de metas realmente alcanzables. Lo peor de todo es que han sometido este paquetazo a la aprobación de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual está compuesta por ineptos que desconocen las leyes del mercado y el manejo eficiente de la economía, y que como adoctrinados autómatas están acostumbrados a levantar la mano a todo proyecto-disparate que presenta el Poder Ejecutivo cubano.

Pero el ministro Marrero debería entender que cualquier lista de deseos y metas fantasiosas ya no son anzuelos que entran dócilmente en la mente de los cubanos. Ya esa píldora perdió su efecto, sencillamente no funciona. Los cubanos solo tienen que mirar afuera y ver que los hoteles están vacíos, que los aeropuertos no están llenos por la llegada de turistas, sino de cubanos que se largan del país. Los cubanos solo tienen que ir a los agromercados para ver que no hay nada que comprar, que una libra de carne de cerdo cuesta 600CUP, que un cartón de huevos cuesta más de 2.000 pesos, que ya no consiguen azúcar ni en el mercado negro. También saben que exportarán poco ron porque ya casi no se siembra caña en el país. Los cubanos se ríen y se indignan al mismo tiempo con las estupideces de los dirigentes cubanos, quienes tratan de tapar su incompetencia y la del sistema esgrimiendo tontos argumentos como el que no hay chícharos en la canasta básica porque se congelaron los ríos en Canadá o que ahora faltará el arroz porque bajó el agua en el canal de Panamá y los barcos no podrán llegar a tiempo a su destino.

Los cubanos saben perfectamente como la oligarquía gobernante amasa miles de millones de dólares año tras año, los cuales no los invierte en beneficio del pueblo, sino en sus propios intereses. Como los de 108.530 millones de dólares que en los últimos 15 años les han defalcado a los médicos cubanos que contratan en el exterior a través de un sistema de trata esclava de personas que ha sido denunciado en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. El pueblo sabe que de ese voluminoso capital en esos 15 años solo se ha invertido en el sistema de salud el 1,61%.

Por otra parte, el ministro Marrero debe recordar que la compañía Sherrit les apretó las tuercas por ser mal pagador y le hizo firmar un contrato al Gobierno cubano comprometiendo el 80% de la producción de níquel en los próximos cinco años a partir del 1 de enero de 2023 con el objetivo de poder cobrar la deuda que tienen con ellos valorada en 361,9 millones de dólares canadienses. Así que el 80% del níquel que produzcan no irá a parar ni siquiera al BFI el banco de GAESA.

Marrero debe dejar de fantasear con sus globos-planes turísticos y ver cómo la realidad supera su tonta ficción de recuperación turística. Los datos son aplastantes, mientras Cuba apenas va a sobrepasar la llegada de dos millones de turistas en 2023, para incumplir la meta trazada de 3,5 millones de turistas y ni siquiera cumplir la meta del 2022 que era de 2,5 millones de turistas. En cambio, debería mirar con atención como la República Dominicana pasará de 10 millones de turistas aportando 11.000 millones de dólares al país y contribuyendo a más del 20% de su PIB.

Conclusiones

El nuevo paquetazo anunciado por el Gobierno sin duda hará más difícil la sobrevivencia de los cubanos. Si el año 2023 fue extremadamente catastrófico para el país, el 2024 será peor. La población no podrá soportar esta terapia de choque montada sobre estrategias mal concebidas y planes cantinflescos irrealizables. Si una buena noticia tiene este paquetazo, es que con este nuevo plan el proyecto de continuidad manejado por Miguel Díaz-Canel acelera el paso hacia la autodestrucción del sistema.

La crisis que vive hoy el país es mucho más profunda que la vivida durante el Periodo Especial a comienzos de los 90, cuando en Cuba no había prácticamente turismo internacional, ni remesas, ni trabajo por cuenta propia, ni inversión extranjera, ni vuelos de líneas áreas comerciales norteamericanas a la isla, ni internet, etc. 33 años después, con todos estos rubros incorporados a la economía nacional, la situación del país es peor. Como resultado tenemos una migración masiva de más de 568.000 personas en los últimos dos años y una inflación que ha puesto la tasa de cambio a 280CUP por un dólar en el mercado informal, más del doble cuando ocurrió el Periodo Especial.

El nuevo paquetazo mantiene intacta la centralización de la economía, no libera las fuerzas productivas, no muestra un plan para negociar la deuda externa con los acreedores y tratar de buscar nuevas líneas de créditos. Ni siquiera se plantea la privatización de la empresa estatal para buscar financiamiento externo. El nuevo plan tampoco intenta desbloquear el bloqueo interno al que el Gobierno tiene sometido a las fuerzas productivas. No plantea una reforma de la agricultura que permita estimular la producción interna y elimine la dependencia de comprar más del 80% de los alimentos en el exterior.

Los pilares del paquetazo siguen siendo los mismos de siempre. En primer lugar, mantener intacto el aparato jurídico cubano, para garantizar el control de los derechos ciudadanos, el manejo de la economía de manos de GAESA, así como las riquezas del país. También para aplastar cualquier tipo de protesta ciudadana con leyes mordazas y de castigo.  En segundo lugar, tratar de exprimir al máximo al exilio a través del control de las remesas y facilitando la emigración masiva de cubanos a EEUU. En tercer lugar, mantener la trata esclava de la contratación de personal médico y paramédico en el exterior. En cuarto lugar, tratar de aplicar fórmulas para controlar el mercado cambiario y las divisas en manos de la población, dada la incapacidad del sistema de producir y exportar.  En quinto lugar, mantener la centralización de la economía y el bloqueo a las fuerzas productivas como elementos primordiales para conservar el poder.

En resumen, el nuevo paquetazo acerca el país más a la catástrofe que a una solución que provea estabilidad y mejoras a la situación de crisis multisistémica que actualmente presenta la nación. En el 2024 las condiciones para que se produzca otro 11 de julio serán más propicias que en el 2023. El paquetazo presentado es parte de la propia involución del sistema en su incapacidad absoluta de poder auto reformarse. Es la materialización de la decrepitud y la mediocridad de la extrema elite partidista apuntalada por la oligarquía que controla GAESA. El único aspecto positivo que tiene este paquetazo es que tiene todo el potencial de convertirse en la espada de Damocles que ponga fin al régimen cubano.


Publicado originalmente en Diario de Cuba