Introducción
La idea de que la miseria y el descontento social en Cuba fueron las causas de la Revolución de 1959 es una creencia inducida que no resiste el análisis histórico. Tampoco el abismal retroceso económico sufrido a partir de esa fecha es explicable, únicamente desde las leyes de la economía.
Durante la República (1902 a 1958) –paralelamente a la dependencia económica de la producción de azúcar y del mercado estadounidense, de las fluctuaciones de su precio en el mercado internacional y de los períodos de inestabilidad gubernamental–, una política estimuladora del crecimiento económico permitió que las relaciones de producción actuaran como motor impulsor del progreso alcanzado y de la mejoría en las condiciones de vida.
Antes de 1959
Durante la Guerra de Independencia (1895-1898), la economía cubana quedó prácticamente destruida. La zafra azucarera de 1884 fue de 1 110 991 toneladas métricas, la de 1898 se redujo a 259 331. [1] La cosecha de tabaco de 1894-1895 alcanzó 560 000 tercios de 50 kilogramos, la de 1897-1898 solo 88 000. Con excepción de la provincia de Oriente, la guerra destruyó el 85,54% de las fincas rústicas, el 88,96% de las haciendas y potreros, el 84,16% de los ingenios azucareros, el 88% de los cafetales, el 84,81% de las vegas de tabaco y el 83,54% de los sitios y estancias de labor.[2]
En 1958 -separados cincuenta y seis años del nacimiento de la República-, la renta nacional[3] fue de aproximadamente 2 834 000, el ingreso per cápita de 520 dólares (lugar 40 a nivel mundial), y una reserva de oro y dólares de 385 600 000 millones de dólares el peso cubano tenía un valor similar al dólar), lo que situaba a la Isla entre las naciones más desarrolladas de Iberoamérica. [4]
“Cada régimen social –decía la filósofa y mística francesa Weil Simone– tiene como misión histórica conducir la fuerza productiva a un grado cada vez más elevado”[5]. Con sus aciertos y desaciertos, luces y sombras, los mandatarios cubanos en la República cumplieron con esa misión. Una síntesis de los aportes de cada uno de los gobiernos lo confirma.
El presidente Tomás Estrada Palma (1902-1906) importó ganado vacuno y lo entregó a los criadores, quienes gozaban de plazos de 12 a 30 meses para pagarlo, con un 4% de interés anual. En 1902 había 953 911 cabezas de ganado y como resultado de esa política al siguiente año había 1 223 613. Se inauguró el ferrocarril entre Santiago de Cuba y La Habana, y se construyeron 328 kilómetros de carretera,[6] aumentó el número de centrales azucareros y se elevó la producción de azúcar de 851 181 toneladas en 1902, a 1 230 349 en 1905, además de contribuir al desarrollo del tabaco y del café.
José Miguel Gómez (1909-1913) creó Granjas Escuelas en cada provincia para la enseñanza agrícola, aumentó las comunicaciones por carreteras y ferrocarril, creó la Junta de Pesca, inició el desarrollo del turismo, implantó nuevas instituciones bancarias, y la producción azucarera se elevó de 1 843 127 toneladas en 1910, a 2 441 980 en 1913.
Mario García Menocal (1913-1917) se dedicó a la construcción de uno de los mayores ingenios azucareros, el Chaparra, en el que siendo administrador, logró en 1910 producir cerca de setenta mil toneladas (casi tanto como lo producido en toda la Isla en 1830, y cerca de la mitad de la zafra de 2025). Como presidente, dictó la Ley de Defensa Económica de octubre de 1914, que dio nacimiento a la moneda nacional sustentada en el patrón oro, con el mismo peso y ley que el dólar estadounidense. Introdujo tecnologías industriales y de transporte en la industria del azúcar.
La zafra azucarera de 1914 fue de 2 622 036 toneladas, mientras la de 1917 sobrepasó los tres millones de toneladas. Además, impulsó la ganadería, aumentó las vías ferroviarias, creó la Compañía de Cemento Cubano, e introdujo la enseñanza práctica de la agricultura en las escuelas rurales. Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial el precio del azúcar sufrió un alza espectacular y Cuba devino principal proveedora mundial, lo cual generó un período de abundancia conocido como “Las Vacas Gordas”. Al concluir la guerra y recuperarse la producción remolachera en Europa, el descenso de los precios condujo a la crisis bautizada como “Las Vacas Flacas”, que sumió a la población de la isla en la miseria.
Alfredo Zayas y Alfonso (1921-1925) asumió la magistratura con el país en bancarrota por el descenso del precio del azúcar en el mercado y con una deuda externa de unos cuarenta millones de dólares a causa de la guerra.[7] La zafra de 1921 fue alta, de 4 097 418 millones de toneladas[8], pero con los precios deprimidos. Los ingresos del Estado no alcanzaban para cubrir los gastos del presupuesto, ni para pagar a los empleados y al Ejército. Hubo que rebajar los sueldos y suprimir casi todos los créditos para obras públicas, cesantear trabajadores de varios sectores, y solicitar un empréstito de cincuenta millones de pesos para pagar deudas atrasadas. La subida posterior del precio del azúcar y los fondos provenientes de los préstamos recibidos por el Gabinete de la Honradez[9], permitieron superar la crisis. Durante su administración se aprobaron la Ley de Consolidación Ferroviaria o Ley Tarafa[10], la Ley de Garantía para la Expropiación Forzosa de Tierras para el Monopolio de la Electricidad, la Ley para el dragado de la Bahía de Cárdenas, y la Ley de la concesión eléctrica para la instalación de plantas generadoras. Gracias a esa combinación de factores, Cuba fue el primer país del mundo que restauró su Hacienda después de la Primera Guerra Mundial, y que saldó su deuda con Estados Unidos y los trabajos de utilidad pública se reanudaron. En 1922, dos años después de inaugurarse en Estados Unidos la primera emisora radial del mundo, en Cuba salió al aire la PWX, una estación de radio dotada de instalaciones y equipos del más alto nivel, que el presidente Zayas inauguró con un discurso en español e inglés. [11]
Gerardo Machado y Morales (1925-1933) estabilizó la industria azucarera; inició el desarrollo de la industria transformadora para disminuir la dependencia económica del azúcar; estimuló la producción agrícola e industrial; impulsó la creación de fábricas de pintura, papel, zapatos, fósforos y otros productos; aumentó la producción de aves, huevos, carnes, mantequilla, queso y cerveza. Aplicó una política arancelaria moderna; incrementó la recaudación fiscal; mejoró el sistema bancario y estableció tratados comerciales con España, Portugal, Japón y Chile, que permitieron una mayor independencia respecto a Estados Unidos. Ejecutó un vasto plan de construcciones: la carreta central de 1 144 kilómetros de longitud, un proyecto de integración vial que unió todas las provincias del país y casi todos los municipios (una de las siete maravillas de la ingeniería cubana) y un conjunto de obras que le dieron a La Habana el perfil definitivo como ciudad moderna, entre ellas el Capitolio Nacional (edificio paradigmático de la arquitectura cubana). En total realizó 710 obras por valor de trescientos millones de dólares. Mejoró las comunicaciones y la sanidad; estableció el servicio telefónico entre La Habana y Londres. A causa del crecimiento del consumo nacional de café, Cuba perdió la condición de primera exportadora mundial y se vio obligada a importarlo para cubrir la demanda interna. Para cambiar esa situación se dictaron varias medidas hasta que nuevamente se cubrió la demanda interna. El crack de 1929 provocó la caída del precio del azúcar, lo que imposibilitó acceder a préstamos internacionales. En medio de una crisis política por el intento de prorrogar su mandato, disminuyeron la producción y el comercio, aumentó el desempleo, bajaron los sueldos y se atrasaron los pagos del Estado, lo cual generó sabotajes, desembarcos, y la huelga que lo sacó del poder el 12 de agosto de 1933.
En medio de la inestabilidad política, el 4 de septiembre de 1933 un grupo de sargentos ejecutó un golpe militar en el que Fulgencio Batista, devenido figura principal, negoció con los sectores civiles para la formación de un gobierno colegiado de cinco miembros, conocido como la Pentarquía (5 al 10 de septiembre de 1933). El fracaso dio paso al Gobierno de los Cien Días (septiembre de 1933-enero de 1934)[12], encabezado por Ramón Grau San Martín[13] que dictó un grupo de medidas de corte popular y nacional-antiimperialista: benefició a los propietarios cubanos y a los colonos, suspendió temporalmente los pagos de la deuda contraída por Machado con el Chase National Bank of New York, promulgó el Decreto 276 de enero de 1934 acorde con lo estipulado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y tomó medidas proteccionistas para la producción agrícola, las cuales provocaron el recelo de Estados Unidos y la crisis política que le puso fin al Gobierno de los Cien Días.
Carlos Mendieta Montefur (1934-1936) fue designado Presidente provisional bajo los efectos de la recesión mundial, de los aranceles proteccionistas establecidos a los productos cubanos en Estados Unidos, la caída de los precios del tabaco y del azúcar, el cierre de ingenios azucareros, el aumento del desempleo, la rebaja de salarios, y la demora en los pagos a obreros y empleados. Ante la crisis, Mendieta consideró que primero debía ordenar al país y después convocar a la asamblea constituyente que Grau San Martín había proyectado celebrar durante el Gobierno de los Cien Días[14]. En su lugar promulgó la Ley Constitucional del 3 de febrero 1934, unos estatutos con los que abolió el Congreso, pasó la función legislativa al Consejo de Secretarios y creó un Consejo de Estado para asesorar al presidente y a los Secretarios, de manera que el poder público se ejerció por el presidente de la República. Muchos avances en materia de legislación laboral que se habían logrado fueron reducidos, lo cual coincidió con la restricción de la zafra azucarera de 1935 (2, 646 976 toneladas), aproximadamente la mitad de la de 1925. El desempleo resultante, combinado con las medidas antipopulares y la represión, incrementaron la agitación en la ciudad y en el campo, hasta que la crisis desembocó en el paro laboral de marzo de 1935, iniciado por los maestros, hasta convertirse en levantamiento popular. En respuesta, Mendieta suspendió el habeas corpus, que garantizaba la integridad física de las personas, las garantías constitucionales, y declaró el “estado de sitio”[15]. Finalmente tuvo que renunciar. El mayor logro de su gobierno fue la firma, en mayo de 1934, del tratado de relaciones cubano-norteamericano, que dejó sin efecto la cláusula intervencionista de la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad entre Cuba y Estados Unidos de 1903. Aunque este nuevo tratado beneficiaba al azúcar, quedó limitado por la Ley Costigan-Jones, que facultaba al secretario de Agricultura de Estados Unidos a determinar la cuota que se debía comprar a Cuba. La presidencia fue ocupada por el secretario de Estado José Agripino Barnet, quien convocó a elecciones para el 10 de enero de 1936,[16] las primeras celebradas desde 1924.
Federico Laredo Bru (1936-1940) puso en práctica el Plan Trienal de Desarrollo Económico Social, ideado en 1937 por el jefe del Ejército, Fulgencio Batista, para dejar bajo control del Estado las industrias azucareras y del tabaco, desarrollar la minería y la extracción de petróleo, crear una banca nacional, acuñar una nueva moneda, establecer un sistema de impuestos para gravar principalmente a los inversionistas extranjeros, organizar una marina mercante nacional, reorganizar la agricultura, y repartir tierras, entre otros propósitos[17]. Promulgó la Ley de Coordinación Azucarera, con la cual benefició a los pequeños colonos que producían menos de 30 mil arrobas de caña, cuyas tierras arrendadas a los ingenios quedaron garantizadas a perpetuidad. Esta Ley trató de establecer una amplia coordinación entre los sectores industrial y agrícola, y entre estos y el laboral. [18] Federico Laredo dictó la Ley Docente que legisló lo relativo a la autonomía universitaria, la reorganización de la primera y segunda enseñanza, y estableció el Consejo Nacional de Educación y Cultura. Intensificó la educación rural y la inauguración de hogares campesinos. Estableció el Seguro de Maternidad Obrera, creó los hogares infantiles campesinos, la Dirección Nacional de Deportes, el Servicio Técnico de Salud Pública y el Consejo Nacional de Tuberculosis. En 1939 fundó el Fondo de Estabilización de la Moneda, promulgó una ley de rehabilitación de créditos públicos y ejecutó nuevas obras públicas. Dictó la Ley laboral más avanzada de la historia de Cuba (el Decreto 798), en el que se reconocieron legalmente los frutos de treinta y ocho años de lucha sindical republicana, desde el salario mínimo hasta las pensiones por causa de muerte, refrendados constitucionalmente. En 1939 convocó a elecciones para conformar una asamblea constituyente que dio a luz la avanzada Constitución de 1940. Las sesiones se desarrollaron entre febrero y junio de 1940. El texto final se concluyó el 5 de junio, se firmó en Guáimaro el 1 de julio y se promulgó en el Capitolio Nacional el 5 de julio.
Fulgencio Batista (1940-1944). Al comenzar su mandato, de una producción nacional de cuatro millones de toneladas de azúcar, Estados Unidos sólo compraba algo más de la mitad, a un precio inferior a los dos centavos la libra;[19] pero debido a la II Guerra Mundial, terminó comprando el total de azúcar producida en las cuatro zafras de 1942 a 1945, excepto la utilizada para el consumo nacional. En total 13 804 648 toneladas, cuyo valor, unido al de las mieles, alcanzó un estimado de 967 874 282 dólares. Además, el gobierno norteamericano otorgó un crédito a Cuba a través del Export-Import Bank por treinta millones de dólares[20]. Con esos resultados, entre 1940 y 1944 los sindicatos obtuvieron incrementos salariales por cerca de quinientos millones de pesos, un aumento del 108% frente a un crecimiento del costo de la vida del 84%. El gobierno privó a los patrones y empresas de la potestad de despedir trabajadores, y se creó la Caja de Retiro y Asistencia Social de los Obreros y Empleados de la Industria Azucarera. Dotó al país de nuevas vías de comunicaciones, centros docentes, hospitales, y creó una reserva de oro, que junto al crecimiento del Producto Interno Bruto, brindaron un fuerte sustento al valor del peso cubano. Se realizaron obras de regadío y de frigoríficos en las zonas agrícolas. Se modernizaron las cañerías del viejo acueducto Albear. Se creó la Comisión de Fomento Nacional para la proyección, administración y ejecución de esas obras, y se inició el reparto de tierras del Estado a familias campesinas.
Ramón Grau San Martín (1944-1948) asumió la presidencia en medio del alza del precio del azúcar. Recibió el tesoro con un déficit de 3,5 millones de pesos y en los primeros dos meses lo cerró con un superávit de 6,0 millones. Con una coalición conformada por una izquierda reformista nacionalista que quería la renovación civil del país pero no una revolución[21], Grau prometió que mejoraría las condiciones de vida del pueblo, pondría fin a la corrupción (que tomó fuerza durante su mandato) y lograría la independencia económica del país; promesas que infundieron grandes esperanzas en los cubanos. Facilitó la entrada al país de medios de producción y materias primas para las industrias surgidas durante la guerra, que aumentaron la producción de calzados, textiles, alcohol, cerveza, productos de caucho, fármacos, juguetes, caramelos y conservas de frutas[22]. Anunció una reforma agraria limitada a la suspensión de los desalojos campesinos y a la parcelación de 5 400 hectáreas en Venta de Casanova (antigua provincia de Oriente). Inició un censo agrícola nacional, celebró ferias y exposiciones ganaderas; construyo frigoríficos para la conservación de los productos, cooperativas pesqueras y mercados libres. En 1945, de una producción de más de 4 millones de toneladas de azúcar, reservó 250 000 para venderlas a otros países a siete centavos la libra, casi al doble del precio al que se le vendía a Estados Unidos. Con esos ingresos benefició a los obreros y colonos azucareros, subsidió alimentos importados, construyó escuelas y erigió otras obras de beneficio general. En 1946, en las negociaciones con Estados Unidos para la venta del azúcar, el líder azucarero Jesús Menéndez logró incluir una cláusula de garantía, mediante la cual se aumentaba el precio en proporción al aumento de los precios de las mercancías que Cuba adquiría en Estados Unidos. La cláusula arrojó 36 millones de pesos adicionales, de los cuales los obreros obtuvieron un ingreso adicional de 29 millones de peso en ese año.[23] Y en el año 1947 recibieron una cifra aún mayor, lo que se conoce como Diferencial Azucarero. Grau desarrolló un plan constructivo que llenó La Habana de parques y de otras obras. Estableció la jornada de verano en los comercios; la colegiación obligatoria de todos los profesionales; creó la caja de los retiros textil, henequeneros, tabacaleros y abogados; recuperó las bases militares construidas por Estados Unidos en Cuba durante la Segunda Guerra Mundial; prohibió el aumento de los alquileres de viviendas y los desahucios; estableció sanciones para los comerciantes especuladores; y fijó un sueldo mínimo para los empleados públicos, pero en medio del crecimiento de la corrupción político-administrativa.
Carlos Prío Socarrás (1944-1948) implantó varias de las leyes complementarias de la Constitución de 1940 que estaban pendientes. Creó el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales, el Tribunal de Cuentas, y la Junta Nacional de Economía. Fundó el Banco Nacional de Cuba[24], el Banco de Fomento Agrícola e Industrial (BANFAIC), el Banco Agrícola y de Desarrollo (BANDES), la Universidad de Oriente, y comenzó la construcción de la Universidad de Las Villas. Inició la construcción del túnel para unir los repartos Vedado y Miramar, y el dragado del puerto. Erigió la Plaza José Martí (hoy Plaza de la Revolución). Impulsó la perforación petrolera en las costas de Cárdenas, y la construcción de alcantarillados, caminos vecinales y acueductos en varias ciudades del país. Construyó la terminal de Ómnibus de La Habana y el Puente sobre el río Canímar, en Matanzas, el mayor de la República hasta ese momento. Inauguró la televisión en octubre de 1950. Y con el Decreto 2273 estableció el derecho de réplica que obligaba a los medios informativos a permitir la defensa a las víctimas en el mismo espacio donde se había efectuado el ataque.[25] Reguló las rentas a pagar por los arrendatarios, repartió cientos de caballerías de tierras del Estado y obligó a los propietarios que tenían más de 50 acres sin cultivar a arrendarlas.[26] Durante su mandato la producción de azúcar se mantuvo por encima de los cinco millones de toneladas anuales. Las calles de La Habana se llenaron de coches nuevos, los salarios aumentaron[27], y las inversiones norteamericanas crecieron en renglones como: electricidad, teléfonos, minería, industria del caucho, productos farmacéuticos, pinturas, jabonería, perfumería y textiles, muchas de ellas en sociedad con capitales cubanos.[28] En 1950 invitó a una comisión del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), encabezada por Francis Adam Truslow, para que realizara un estudio minucioso de la economía cubana. En el informe resultante, la Comisión señaló que con excepción del combustible, Cuba contaba con todo lo necesario para el despegue. Para ello se requería romper con la mono-producción azucarera mediante la diversificación de la economía, aumentar las industrias derivadas del azúcar, estimular el turismo, mejorar las vías de comunicación, incrementar el número de propietarios de la tierra, y reformar la política monetaria y fiscal. En medio de la guerra entre las pandillas como resultado de la corrupción político administrativa, Prío estableció un “pacto de grupos” con los pandilleros, para tranquilizarlos a cambio de prebendas, cargos y subsidios. La corrupción y la violencia continuaron fuera de control.
Fulgencio Batista (1952-1958). El estado de ingobernabilidad fomentó conspiraciones desde el Ejército contra el gobierno de Caros Prío. En ese contexto, el capitán Jorge García Tuñón le propuso a Fulgencio Batista –actor clave de la política cubana desde septiembre de 1934, sin posibilidades de ganar luego las elecciones presidenciales de 1952– que encabezara una Junta Militar. Al tomar el poder, la Junta designó a Batista como primer ministro, y cuando asumió el cargo (1952) sustituyó la Constitución de 1940 por unos estatutos denominados Ley Constitucional, suspendió las funciones del Congreso y creó un Consejo Consultivo y un Consejo de Ministros en los que concentró los poderes Ejecutivo y Legislativo[29]. Luego, la Ley Decreto 1133, de octubre de 1953, dispuso que la Constitución de 1940 entraría nuevamente en vigor tan pronto el presidente electo en las elecciones convocadas para 1954 tomara posesión.[30] Durante su gobierno Batista liquidó el pandillerismo, se aplicaron las recomendaciones de la Comisión Truslow de 1951, aumentó la producción, impulsó la diversificación, implementó un vasto plan constructivo y mejoró la salud y la educación. Creó el Banco de Comercio Exterior. En la agricultura creó instalaciones de almacenamiento y refrigeración, aumentó la mecanización, la fertilización, la irrigación, la investigación científica y brindó ayuda técnica y económica a los pequeños campesinos. Construyó los túneles de la Bahía de La Habana y de la Quinta Avenida, así como la vía Monumental para conectar el Este y el Oeste de la ciudad. Reconstruyó y pavimentó las principales avenidas y calzadas en La Habana y otras ciudades. Construyó refinerías de petróleo y fábricas de neumáticos; conductores eléctricos de cobre; tuberías centrifugadas de hierro; papel y cartón de bagazo; plantas para producir botellas y otros envases de cristal, de papel y de aluminio. En 1958 se dedicó el 23% del PIB a la enseñanza (primer lugar en América Latina). La zafra azucarera de 1951-1952 fue la mayor lograda hasta esa fecha (7,2 millones de toneladas). Entre 1954 y 1958 se construyeron cerca de 5 mil edificios por año, entre ellos los hoteles FOCSA, Habana Hilton, Capri y Riviera. Los ahorros y depósitos de los bancos aumentaron. Se construyeron los aeropuertos de Varadero y Rancho Boyeros, los baños minerales de San Diego, la Ciudad Deportiva, los centros de turismo de Varadero y Barlovento, y desarrolló programas sociales de ayuda a ciegos y sordos.
El golpe de Estado de marzo de 1952 tuvo dos respuestas, una cívica y otra insurreccional que lucharon entre sí para imponerse.
1) La cívica debutó con una declaración del Bloque Cubano de Prensa, una de las asociaciones cívicas cubanas; continuó con Cosme de la Torriente[31], quien dieciséis días después del golpe, manifestó: “Siempre he sido contrario a que las fuerzas armadas intervengan en las luchas políticas y por eso mismo también a los golpes o pronunciamientos militares”[32]; luego, en noviembre del mismo año, al asumir la presidencia de la Sociedad de Amigos de la República (SAR),[33] exhortó al gobierno y a la oposición a colaborar en una solución pacífica y democrática, conducta continuada por José Miró Cardona[34] en 1954, al frente del Conjunto de Instituciones Cívicas opuestas al golpe de Estado.
2) La vía insurreccional se estrenó en abril de 1953 con el intento del Movimiento Nacional Revolucionario, encabezado por Rafael García[35], de ocupar el regimiento de Columbia. Le siguió en julio de 1953 el asalto al cuartel Moncada encabezado por Fidel Castro; en 1956 la Conspiración de los Puros, el asalto al cuartel Goicuría, el alzamiento del 30 de noviembre y el desembarco del Granma; y en 1957 el asalto al Palacio Presidencial y el ataque a la Estación Naval de Cienfuegos.
En ese contexto, uno de los episodios cívicos tuvo lugar el 19 de noviembre de 1955 con el acto político celebrado en el habanero Muelle de Luz, convocado por Cosme de la Torriente. Allí, José Antonio Echeverría, líder de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), expresó: “¡Fulgencio Batista, el pueblo cubano se ha reunido para decirte vete o vas a esperar que te echen como a Gerardo Machado!”[36]
Las reuniones entre los comisionados del Gobierno y de la Oposición propiciadas por la SAR comenzaron el 5 de marzo de 1956. En la cuarta y última de ellas, el 12 de marzo, el diálogo se detuvo a causa de las interminables discusiones entre las partes, lo que facilitó la supremacía de la línea insurreccional.
En agosto de 1956, Fidel Castro y José Antonio Echeverría firmaron en el país azteca, la Carta de México, en la que declararon: “es hora de que los partidos políticos y la Sociedad de Amigos de la República cesen ya en el inútil esfuerzo de implorar soluciones amigables”[37]. La declaración se materializó en hechos. El 28 de octubre de ese año, el Directorio Revolucionario realizó un atentado en el que resultó muerto el coronel Antonio Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar. Al siguiente día, en venganza, el brigadier Rafael Salas Cañizares, jefe de la Policía, penetró en la Embajada de Haití para masacrar a revolucionarios allí exiliados, acción en la que resultó muerto a tiros: el camino de la violencia continuaba imponiéndose.
No obstante, en 1957, Frank País, jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de julio (M-26-7), propuso a Fidel Castro,[38] líder de esa organización insurreccional, reunirse con figuras políticas del movimiento cívico para formar un Gobierno Provisional.[39] Con ese fin Raúl Chibás, presidente del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y Felipe Pazos, presidente del Colegio de Abogados y ex presidente del Banco Nacional de Cuba, se reunieron el 12 de julio de ese año en la Sierra Maestra con Fidel Castro y suscribieron el Manifiesto al Pueblo de Cuba, en el que aparentemente quedaron zanjadas las diferencias entre ambas tendencias. Allí se acordó formar un Frente Cívico Revolucionario con una estrategia común de lucha, designar al presidente de un gobierno provisional, apartar al ejército de la política, y celebrar elecciones generales para todos los cargos en el término de un año.
En octubre de 1957, Felipe Pazos y Raúl Chibás viajaron a Estados Unido donde, conjuntamente con las fuerzas cívicas en el exilio, en el intento de avanzar en la unidad del movimiento de oposición a Batista, establecieron el 1ro. de noviembre la Junta de Liberación Cubana, que suscribió su compromiso en el “Documento de Unidad de la Oposición Cubana frente a la dictadura de Batista”.[40] El documento fue rechazado por el M-26-7, con la Carta de Fidel Castro contra el Pacto de Miami, suscrita el 14 de diciembre, en la que propuso a Manuel Urrutia Lleó para encabezar el Gobierno provisional que sustituiría a Batista, y al M-26-J como única fuerza legítima para ejercer la función de mantener el orden público y reorganizar los institutos armados de la República.
El último esfuerzo cívico se produjo el 20 de julio de 1958 con el llamamiento Al Pueblo de Cuba, más conocido como Pacto de Caracas. Disímiles asociaciones agrupadas en el conjunto de instituciones cívicas crearon un Frente Cívico Revolucionario cuyo coordinador fue José Miró Cardona, para demandar la renuncia de Batista y la disolución del Congreso, y organizar una huelga general en apoyo al esfuerzo bélico conducente al derrocamiento del tirano. Sin embargo, al fracasar la huelga, el 3 de mayo se produjo una reunión clave del M-26-7 en la Sierra Maestra, donde se estableció una política de mando único centralizada en la figura de Fidel Castro, quien fue nombrado Secretario General del Ejecutivo del M-26-7 y Comandante en Jefe de todas las fuerzas revolucionarias, incluyendo a las milicias urbanas. Aquí comenzó la concentración del poder en un sector de la línea insurreccional que condujo a la implantación del totalitarismo caribeño.
La historia política de Cuba devela un dato de interés para el presente análisis. Entre 1902 y 1933, la casi totalidad de los presidentes y los líderes políticos emergieron de la Guerra de Independencia, adiestrados en el empleo de la violencia, el ordeno y mando, desposeídos de una cultura democrática, quienes identificaron el presupuesto estatal para la creación de sus redes de clientelas.
José Miguel Gómez, mayor general de Brigada, lideró el alzamiento liberal de agosto de 1906 contra la reelección de Tomás Estrada Palma. Mario García Menocal, general, aunque repudió públicamente las prácticas corruptas del presidente anterior, terminó practicándolas y propició el fraude electoral para asegurar la “victoria” en las elecciones. Gerardo Machado, general de la guerra de 1895, al vencer en las elecciones presidenciales de noviembre de 1924, expresó: “mi mayor gloría sería presidir unas elecciones tan honradas como las celebradas el 1 de noviembre, y no aspirar de ninguna manera a la reelección”.[41] Sin embargo, en 1927, siendo Presidente, logró que el Congreso prorrogara sus poderes y en 1928 modificó la Constitución para aumentar el periodo presidencial de cuatro a seis años. Carlos Mendieta, coronel, enfrentó la huelga de 1935 con una despiadada represión. Y Federico Laredo Bru, coronel, a diferencia de los presidentes que le precedieron, ejerció su mandato en colaboración con las fuerzas armadas, la institución de mayor fuerza política en Cuba en ese convulso período, lo cual le brindó la estabilidad que desembocó en la Constitución de 1940. Entre 1933 y 1958 otras figuras emergieron del Ejército y del período de inestabilidad política y predominio de la violencia. Entre ellos Fulgencio Batista, Ramón Gran San Martín, Carlos Prío Socarrás, Eduardo Chibas, Joaquín Martínez Sáenz y Antonio Guiteras.
Esas características coadyuvaron al golpe de Estado de marzo de 1952, que trastornó los cauces legales establecidos en 1940. Pero como explica Néstor Carbonell, la Ley Constitucional de 4 de abril de 1952, dictada por Fulgencio Batista, no afectó al sistema económico y social, ni a la conquistas de los trabajadores y empleados; mientras la Ley Decreto 1133, dictada el 30 de octubre de 1953, dispuso que la Constitución entrara nuevamente en vigor tan pronto el presidente electo en 1954 tomara posesión.[42]
Los desajustes y períodos de inestabilidad descritos no niegan que la labor de los presidentes y de una clase empresarial competente impulsó el desarrollo de las fuerzas productivas, estimularon la propiedad privada en un contexto de respeto a las libertades económicas, como se puede demostrar con cinco renglones de la economía: azúcar, ganado, café, tabaco y arroz.
A pesar de que la economía quedó arruinada por la Guerra de Independencia finalizada en 1898, el azúcar en la zafra de 1951-1952 alcanzó la cifra de 7 298 023 millones de toneladas. El ganado bovino en 1958 contaba con unos seis millones de cabezas, similar al número de habitantes. El café marcó su apogeo en la cosecha 1960-1961 (60 000 toneladas). El tabaco de una producción promedio anual obtenida entre 1904 y 1910 de 27 384 toneladas, en 1958 llegó a 58 202 toneladas. El arroz, cuya producción en 1950 fue de unas 36 000 toneladas, e importaban 220 mil, en 1956 se produjeron 279 mil toneladas, casi ocho veces más que la producida en 1950.
Conclusión
La economía cubana en la República registró un crecimiento propiciado por las gestiones gubernamentales y la participación de una clase económica nacional, respaldados constitucionalmente. Sin negar las desigualdades e injusticias sociales existentes, especialmente en zonas rurales y montañosas, ese crecimiento mejoró la situación de los trabajadores. Ello indica que la economía no fue la causa de la revolución de 1959, sino otros factores, entre los que desempeñó un papel decisivo el predominio de la violencia en nuestra historia política, y la ausencia de una sólida formación democrática en nuestra emergente sociedad republicana. Ambos son, hoy, asignaturas pendientes.
Tales desajustes e inestabilidad política, condujeron al golpe de Estado de 1952 –que si bien trastornó los cauces legales establecidos en 1940, no afectó al sistema socioeconómico ni las conquistas de las clases trabajadoras, a la vez que prometía la entrada en vigor de la Constitución una vez tomara posesión el presidente electo en las elecciones programadas para 1954–, el cual desencadenó en la hegemonía de la violencia institucionalizada a partir de 1959 bajo una política de mando único, que desmembró a la sociedad civil de todas sus estructuras, asociaciones, posibilidades de desarrollo, y condujo a la implantación de un régimen totalitario que permanece por casi siete décadas.
La perdurabilidad en el tiempo del totalitarismo cubano pese a ser la causa del retroceso sufrido por la nación, se explica por la subordinación de las leyes de la economía a la política, la imposición de una ideología y el liderazgo único. Fenómenos que abordaremos en la segunda parte.
Bibliografía
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NOTAS
[1] Manuel Moreno Fraginals. El ingenio, complejo económico social cubano del azúcar. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1978, p.85.
[2] Instituto de Historia de Cuba. Las luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales 1868-1895. La Habana, Editora Política, 1996, p. 538.
[3] Valor monetario de la suma total de los bienes y servicios producidos en un país durante un año, expresado en dinero a precios corrientes.
[4] renta nacional de Cuba en 1958 – Búsqueda (bing.com)
[5] Simone Weil. Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social. Barcelona, Ediciones Paidos, 1995.
[6] Hugh Thomas. Cuba, la lucha por la libertad. México, Ediciones Grijalbo, t, 2, 1974, t, 2, p. 613.
[7] Ibídem, pp. 702, 709 y 710.
[8] Manuel Moreno Fraginals. El ingenio, complejo económico social cubano del azúcar. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, p. 39.
[9] Nombre con el que Zayas designó a su gabinete después de las críticas y la crisis sufrida, para dar una nueva imagen nacional e internacional.
[10] Ley del 9 de octubre de 1923 que autorizó la construcción de una compañía nacional con la consolidación de tres empresas ferroviarias, de las cuales dos tenían que ser cubanas;: ferrocarriles del Norte de Cuba, ferrocarril de Camagüey & Nuevitas y la norteamericana Rilara Compaña. Con esta ley se estableció el monopolio ferroviario de Cuba.
[11] Oscar Luis López. La radio en Cuba. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2002, p.27.
[12] Carlos Manuel Rodríguez Arrechavaleta. La democracia republicana en Cuba, 1940-1952, actores, reglas y estrategias electorales. México, Fondo de Cultura Económica, 2017, pp. 28-41.
[13] Ramón Grau San Martín (1881-1969). Médico y político, profesor de Fisiología de la Universidad de La Habana. Participó en la lucha contra Gerardo Machado. En 1933 Integró la Pentarquía. En febrero de 1934 fundó el Partido Revolucionario Cubano Auténtico (PRCA). En 1940 presidió la primera etapa de la Asamblea Constituyente y fue candidato a la presidencia de la República en ese año. Electo presidente en las elecciones de 1944.
[14] Julio Le Riverend. La República, dependencia y revolución. La Habana, Editora Universitaria, 1966, p. 299-300.
[15] Thomas Hugh. Ob.cit,. pp. 910-911.
[16] Julio Le Riverend. La República, dependencia y revolución. La Habana, Editora Universitaria, 1966, p. 304.
[17] Servando Valdés Sánchez. Cuba, Ejército y Reformismo (1933-1940). Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2006, p. 90.
[18] Ajustes estructurales en la industria azucarera cubana (caribbeanbasinresearch.org.
[19] Una libra equivale a 0,454 kilogramos.
[20] Thomas Hugh, ob. cit., t. 2, p. 944
[21] Carlos Manuel Rodríguez Arechavaleta, ob.cit., p.60.
[22] José Cantón Navarro. Historia de Cuba, el desafío del yugo y la estrella. La Habana, Editorial José Martí, 2015, p.193.
[23] Jbídem, pp. 193, 140-141.
[24] La Tesorería General de la República entregó al Banco Nacional 207 toneladas de oro, 2000 de plata, 75 millones de dólares y 5 millones de certificados de plata.
[25] Newton Briones Montoto. General regreso. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2005, p. 187.
[26] 1 acre = 0, 4046 hectáreas.
[27] Hugh Thomas, ob. Cit., t. 2, p. 992
[28] José Cantón Navarro, ob. Cit., p. 146
[29] José M. Cuesta Braniella. La resistencia cívica en la guerra de liberación de Cuba. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1997, p. 24.
[30] Néstor Carbonell Cortina. Grandes debates de la constituyente cubana de 1940. Miami, Florida. Ediciones Universal, 2001, pp. 59-60.
[31] Cosme de la Torriente (1872-1956). Coronel de la Guerra de Independencia, delegado a la Asamblea Constituyente de la Yaya. Magistrado y Senador, primer Embajador de Cuba en Washington, cofundador y Presidente de la Sociedad de Amigos de la República.
[32] Jorge Ibarra Guitart. Sociedad de Amigos de la República; historia de una medición 1952-1958. La Habana, 2003, Editorial de Ciencias Sociales, pp.16-17.
[33] SAR. Organización creada por iniciativa de Jorge Mañach a fines de 1948, con fines cívicos.
[34] José Miró Cardona (1902-1974).Presidente de la Asociación Nacional de Abogados de Cuba. Secretario de la Sociedad de Amigos de la República. Coordinador del Frente Cívico Revolucionario. Primer Ministro del primer gabinete revolucionario del 3 de enero al 13 de febrero de 1959.
[35] Rafael García Barcenas (1907-1901). Poeta, filósofo y profesor universitario. Miembro del Directorio Estudiantil Universitario de 1927.
[36] Jorge Ibarra Guitart, ob. cit., p.71.
[37] Ibídem, p. 149.
[38] Fidel Castro Ruz (1926-2016). Abogado, político y militar. Dirigió el asalto al cuartel Moncada en 1953. Condenado a 15 años de prisión, de los cuales cumplió 22 meses. Salió al exilio y desembarcó en Cuba en 1956. Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de de 1959. Primer ministro de 1959 a 1976. Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) de 1965 al 2011. Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de 1976 a 2008.
[39] Luis M. Buch. Gobierno Revolucionario Cuba: génesis y primeros pasos. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1999, p.2.
[40] El pronunciamiento también es conocido como Pacto de Unidad o Pacto de Miami. Lo suscribieron, entre otros, el Partido del Pueblo Cubano, Organización Auténtica, F:E$:U:,Directorio Revolucionario, y representantes del Movimiento 26 de Julio. (Ver: Emilio Maza Rodríguez. 1962. “Castro, la revolución cubana y la autodeterminación de los pueblos”. Revista de Estudios Políticos no. 124:175-190, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2049997).
[41] Hortensia Pichardo. Documentos para la historia de Cuba, t. 3, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, p. 360.
[42] Néstor Carbonell Cortina. Grandes debates de la constituyente cubana de 1940. Miami, Florida. Ediciones Universal, 2001, pp. 59-60.

