En una entrevista para Diario de Cuba, el economista cubano Emilio Morales, vicepresidente de Cuba Siglo XXI, no se limita a describir la magnitud del colapso económico y energético que atraviesa Cuba. En sus más recientes análisis, propone una secuencia concreta de soluciones que combinan transición política, reordenamiento institucional y estabilización económica gradual.

Su enfoque parte de una premisa clara: la crisis no es únicamente financiera ni energética, sino estructural. Y, por tanto, su solución también debe ser estructural.


1. Transición política como punto de partida

Para Morales, la recuperación económica sostenible no puede producirse dentro del actual marco de poder. Sostiene que cualquier programa serio de estabilización requiere una transformación política que desmonte los mecanismos que han concentrado el control económico en un reducido núcleo de poder.

En ese contexto, propone la intervención y reestructuración de GAESA, el conglomerado empresarial militar que controla sectores estratégicos como el turismo, el comercio exterior, las remesas y buena parte de la infraestructura financiera. Según Morales, sin transparentar y reorganizar esa estructura empresarial —tanto dentro como fuera de la Isla— resulta imposible liberar recursos, restaurar la confianza y sentar las bases de una economía moderna.

La transición, en su visión, no es un acto simbólico sino una condición operativa: crear un entorno de legalidad, transparencia y supervisión internacional que permita atraer inversión extranjera, garantizar derechos de propiedad y reintegrar a Cuba en los mercados globales.


2. Auditoría y rescate del sistema energético

Uno de los núcleos de la crisis actual es el sistema eléctrico nacional, afectado por décadas de subinversión, obsolescencia tecnológica y mala gestión. Morales propone comenzar por una auditoría técnica y financiera integral de las plantas generadoras existentes.

La lógica es pragmática: antes de prometer megaproyectos o transformaciones estructurales de largo plazo, debe recuperarse la capacidad instalada que aún pueda rescatarse. Un plan de estabilización inicial permitiría:

  • Reducir los apagones prolongados.

  • Restablecer servicios esenciales como el bombeo de agua.

  • Reactivar gradualmente la actividad productiva.

Morales reconoce que una transformación completa de la matriz energética requerirá inversiones multimillonarias y varios años de ejecución. Sin embargo, considera que una estabilización técnica de corto y mediano plazo es posible si se gestiona con criterios profesionales y transparencia financiera.


3. Subsidios temporales y corrección progresiva de precios

En materia de política económica, Morales propone evitar tanto el inmovilismo como el “shock” desordenado. Su planteamiento contempla un esquema de subsidios escalonados y temporales durante la fase inicial de estabilización.

Por ejemplo, sugiere mantener subsidios parciales para el sector residencial y ciertos sectores productivos estratégicos, reduciéndolos de manera gradual a medida que la economía recupere capacidad de generación de ingresos. La meta no es perpetuar el subsidio, sino amortiguar el impacto social mientras se corrigen las distorsiones de precios.

Este enfoque busca equilibrar disciplina macroeconómica y estabilidad social. Una eliminación abrupta de subsidios, advierte, podría profundizar la crisis social y erosionar cualquier intento de transición ordenada.


4. Nuevo marco institucional y seguridad jurídica

Más allá de las medidas técnicas, Morales insiste en la necesidad de construir un nuevo marco institucional que garantice:

  • Seguridad jurídica para inversionistas nacionales y extranjeros.

  • Transparencia en la administración de empresas estatales.

  • Separación entre poder político y gestión empresarial.

  • Supervisión internacional en los primeros años de la transición.

La credibilidad, en su diagnóstico, es el capital más escaso de la economía cubana. Sin confianza institucional, ningún plan de inversión, rescate energético o reforma monetaria tendrá sostenibilidad.


5. Economía y política: una ecuación inseparable

El eje articulador de las propuestas de Morales es la convicción de que economía y política no pueden separarse en el caso cubano. Las reformas económicas aisladas, sin cambios en la estructura de poder, terminarían absorbidas por las mismas dinámicas que han producido el colapso actual.

Por eso, su hoja de ruta no se limita a ajustes fiscales o reordenamientos administrativos. Se trata de una reconstrucción integral que combine:

  1. Transición política.

  2. Reorganización empresarial y financiera.

  3. Estabilización energética inmediata.

  4. Reformas económicas graduales y socialmente manejables.


Conclusión

Las soluciones propuestas por Emilio Morales no prometen una recuperación instantánea ni indolora. Plantean, en cambio, una secuencia lógica: primero, desmontar las estructuras que bloquean la modernización; luego, estabilizar los sectores críticos como la energía; y finalmente, reconstruir la economía sobre bases institucionales sólidas.

En un contexto de deterioro acelerado, su propuesta destaca por intentar articular un puente entre la urgencia técnica y la viabilidad política. Más que un simple paquete de medidas económicas, se trata de una estrategia de reconstrucción nacional que asume que la salida de la crisis cubana requiere, ante todo, un cambio profundo en las reglas del juego.